viernes, 10 de septiembre de 2021

Asne Seierstad



Es una excepcional escritora y corresponsal de guerra en Europa. Nacida en Oslo, Noruega el 10 de febrero de 1970. Políglota, estudiosa del comportamiento humano y fiel defensora del importante trabajo ejercido por los periodistas en regiones conflictivas, su ardua investigación la ratifica como una autoridad en temas de sobrevivientes en zonas devastadas por luchas internas.

     Sobre cada una de sus misiones como corresponsal ha escrito un libro: Su estancia en Irak se recopila en Ciento y un días, donde narra a detalle cómo es la vida de una reportera de guerra, las represiones, los peligros de estar ahí, sin dejar de lado la historia que dio origen al golpe de estado, el sentir de la gente nativa, el miedo, la incertidumbre, la desazón por la que atraviesan las familias.

     De su experiencia en Afganistán publica El librero de Kabul, un best seller que se traduce a treinta idiomas pese a la demanda por difamación que el librero, Shah Muhammad Rais protagonista, interpuso en su contra. En esta crónica detalla, entre otras muchas circunstancias que debe vivir la mujer, cómo es llevar burka: “Llegué a detestar esta vestimenta porque aprieta la frente y provoca dolor de cabeza, la rejilla limita el campo de visión y dentro huele a cerrado y se suda mucho porque no deja pasar el aire. Hay que andar siempre con cuidado porque una no se ve los pies y se ensucia. La prenda molesta mucho. Pude experimentar que liberación es quitártela al volver a casa”[1]

    Acerca del conflicto en la ex Yugoslavia visita Serbia y surge de su búsqueda De espaldas al mundo donde el testimonio de catorce sobrevivientes es el hilo conductor para acercarnos un poco a cómo se vive una deportación, un extermino, una persecución por ser de una etnia diferente, temas que se creyeron superados en Europa sobresalen en esta región que termina en la disolución del país. Con respecto a la guerra en Chechenia El Ángel de Grozni representa lo que pudo vivir y observar de una acción separatista donde, como en todas las guerras, los niños son fundamentalmente abatidos, las mujeres ignoradas, los periodistas y activistas de derechos humanos tristemente silenciados.

    Un evento impensable ocurrido en su país durante julio de 2011 atrae su atención, los atentados de Utoya y Oslo. Después de una investigación profunda que incluye entrevistas y revisión en la vida del asesino concentra su trabajo en el libro Uno de los nuestros donde reúne datos de sobrevivientes a la matanza de 77 personas por el neonazi noruego.

     Centrando la atención en Afganistán, sobre todo por los dos eventos que ponen en los titulares a este país, uno de ellos, es el aniversario del atentado del 11 de septiembre de 2001, realizado por Al Qaeda y el segundo evento es la acelerada llegada del grupo Talibán a Kabul, el control del país en manos del grupo extremista representa un nuevo retroceso, la escritora reflexiona al respecto:

 ¿Cómo puede haber una democracia en un país donde el 80 o el 90 por ciento de la población es iletrada, en una sociedad donde se queman las escuelas para niñas, donde se asesinan trabajadores humanitarios afganos e internacionales y donde cualquier hombre cabeza de familia les dice a sus parientes por quién votar sin darles opción de elegir? […] (la democracia) tiene que ser construida desde adentro y por eso creo en una sola cosa para Afganistán: educación, educación, educación".[2]

     En resumen, acercarnos al trabajo de una escritora como Asne Seierstad cuyo estilo mezcla crónica,  testimonio y reflexión, nos permite leer la constancia de las atrocidades que provocan las guerras en todos estos ejemplos que ella atestigua, iniciadas por el odio, el ultranacionalismo, el deseo de poder y control, su escritura es un aporte  para todos, es la historia de los efectos desencadenados por las luchas armadas, es un medio para crear conciencia. Nada nos hace más irracionales que la violencia y el acto de someter y reprimir a quienes no comparten nuestro pensar, Asne también es un ejemplo de nobleza, un tipo de bondad que no necesita propaganda para ser formidable, con una parte de sus ganancias de El librero de Kabul construyó una escuela para mujeres en Afganistán, en una entrevista nos cuenta:

Entonces me dije, ¿qué puedo hacer por Afganistán? Así que construí una escuela. Es una escuela de 500 niñas que van en dos turnos, así que son 1000 niñas al día. Lleva 17 años funcionando, así que ha habido muchas niñas. Y muchas de ellas han continuado hasta un nivel superior en Kabul, porque ese es otro de los problemas de la educación en Afganistán, muchas niñas sólo van 3 años, 5 años, 7 años, y luego las casan. Esta escuela da a las niñas la posibilidad de continuar a un nivel superior, mientras que la mayoría no.[3]

     Dicha escritora representa al ser humano dispuesto a dar y hacer, sin que le sea necesario la difusión de sus actos de empatía; como parte de su trabajo periodístico pone el dedo en la llaga y deja claro que: la guerra sigue siendo la protagonista de nuestra historia a pesar de los siglos, de los avances tecnológicos, del progreso en diversos ámbitos, y sin duda, determinará el futuro de las generaciones que la sobreviven.



[1] Asne Seierstad, El librero de Kabul, Maeva, Madrid, 2005.p. 6.  

[2] “La delantera noruega” (10 de septiembre 2021). Semana. https://www.semana.com/la-delantera-noruega/82826-3/

[3] Hadad, M. (04 de septiembre de 2021 ) “Åsne Seierstad, autora de un libro clave sobre Afganistán: “Los talibanes no enviarán a las niñas a casa, pero... ¿qué les enseñarán en los colegios?” https://www.infobae.com/america/mundo/2021/09/04

viernes, 3 de septiembre de 2021

Alejandra Pizarnik

 

“Ese espejo me recuerda mi desventura:

somos dos y no una sola persona.”

Silvina Ocampo.




Esta revisión por la obra de escritoras que decidieron terminar con su vida la encabeza la poeta Pizarnik. Su mixtura de talento y autodestrucción en lucha constante terminó por dominar la pugna con el trance final. Alejandra Flora Pizarnik nace el 29 de abril de 1936 en Avellaneda, Argentina, poeta, periodista, dramaturga, traductora, identificada con el surrealismo; hija de padres judío-rusos que salen de Europa tras el azote de la Segunda Guerra Mundial. La migración fue tan urgente, que cuando se instalaron en el continente americano no hablaban español, sin embargo, la familia florece.

     Con toda esta historia de supervivencia de los padres, Alejandra se acerca al tema de la muerte, su desencanto se alimenta de lo sucedido por las prácticas políticas represivas de Hitler y Stalin, por ellas perdió buen número de familiares que no lograron salir de Europa, dolor que será parte de su sobrecarga existencial.

    También se suman la falta de claridad en su sexualidad, su imposibilidad para conectarse con la vida son parte de los quebrantos con los que forma su destino, desde muy joven asiste a terapias de psicoanálisis para aliviarse. Cuando Alejandra termina los estudios de bachillerato su autoestima se construye con deficiencias, se siente fea, se viste con estilo masculino, tiene sobrepeso, acné, pero ante ello sus habilidades para las letras le van formando un reconocimiento, representan un ancla, apta para dominar a sus demonios por algunos años, ya en esta etapa temprana de su vida las anfetaminas para el control de peso, barbitúricos y somníferos son parte del apoyo, el dolor de la existencia la agobia sin tregua. De hecho, a pesar de sus amplias relaciones con grupos intelectuales de la época, ella afirmaría: “No soy de este mundo”.

    Gracias a su talento hizo una carrera en el mundo del periodismo debido a contribuciones para importantes revistas latinoamericanas, como: Sur; Zona Franca; La Nación; Revista Nacional de Cultura; La Gaceta; La Estafeta Literaria, etc. Realizó entrevistas a grandes intelectuales como: Simone de Beauvior, Margarite Duras. Su variado trabajo literario que va de los géneros periodísticos, la traducción, el teatro y la poesía, refugio en el que instala un listado recurrente de símbolos que la representan: la infancia, la noche, el viento, la melancolía, la muerte, y el espejo, este último en concreto es la confesión de ella reflejada y constante en su trabajo, como se ve en el poema “Árbol de Diana”:

El poema que no digo,

el que no merezco.

Miedo de ser dos

camino del espejo:

alguien en mí dormido

me come y me bebe.[1]

 

     En su escrito titulado La condesa sangrienta desentraña obsesiones de la aristócrata Erzsébet Báthory que asesino a cientos de jóvenes, sin embargo, como en la poesía, también en la prosa es posible reconocerle, un momento es cuando comenta: “Un color invariable rige al melancólico: su interior es un espacio de color de luto, nada pasa allí, nadie pasa”[2] a medida que se estudia su trabajo queda anulada la sutileza, ella se instala frente a su espejo y se desnuda para después confesarse por medio de la escritura, y así declaró:

Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua que cae de tanto en tanto. De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya la farsa que todos tenemos que representar[3]

     Después de dos intentos de suicidio los últimos años de su vida estuvieron marcados por serias crisis depresivas. Pasó sus últimos meses internada en un centro psiquiátrico de Buenos Aires, sale con permiso un fin de semana, el mismo del 25 de septiembre de 1972 cuando se prepara para que la tercera vez sea la efectiva. Con una sobredosis de secobarbital muere a los 36 años en su departamento, dejando unos últimos versos, donde reafirma: “No quiero ir nada más que hasta el fondo”.

     Posterior a su muerte, sus amigas se dedican a resguardar los escritos diseminados, ellas concuerdan en sacarlos del país, pues la convulsa época de los setenta en Argentina alerta para que no permanezcan ahí, así es como un tiempo Julio Cortázar los resguarda, para más tarde nombrar albacea a su amiga Ana Becciu.

    Patricia Venti, una de las biógrafas más centradas en la revisión de su trabajo y su vida, muchas veces vueltos uno solo, dice: “Pizarnik gestó su identidad desde un sentimiento de excepcionalidad, y creer que estaba predestinada a ser una gran escritora le sirvió para justificar su fracaso en la vida personal”[4]. Todo su trabajo señala tormento, pérdida de gusto, cansancio existencial. En un trabajo sobre narcisismo y suicidio recién publicado en el año 2000 se analiza:

La melancolía sería la desintegración del narcisismo psíquico, y al ocurrir esto surge el rechazo de la persona física: la autodestrucción somática, estaríamos frente a la psicosis persecutoria sin proyección […] La modalidad de separar el self mental del corporal y mediante esta escisión mente-cuerpo se niega, proyecta, e idealiza. Las consecuencias son variadas: delirios e ilusiones somáticos, fenómeno fantasma, postura catatónica, hipocondría maligna, trastornos psicofisiológicos, despersonalización, nihilismo corporal, automutilaciones, suicidio”[5]

   Mucho se puede decir de la forma como decidió dejar de vivir, tal vez sólo sea oportuno la reiteración del tema para tratar de influir en las nuevas generaciones y alertar sobre esta lamentable determinación. Sin duda, el legado que dejó es amplio y diverso, con toda su poderosa escritura su partida nos provoca un ansia por imaginar, ¿Y qué otros confines hubiera analizado y compartido?

 



[1] Alejandra Pizarnik, Árbol de Diana, Ediciones El Salvaje Refinado, Delaware, 2003. p. 7

[2] Alejandra Pizarnik, Prosa completa, Lumen, Barcelona, 2001. p. 290

[3] Ibíd. p. 291

[4] Patricia Venti, La escritura invisible: el discurso autobiográfico en Alejandra Pizarnik, Anthropos, Barcelona, 2018. p. 55

[5] Hernán Solís Garza, Los que se creen dioses: Estudios sobre el narcisismo, Plaza y Valdez, México, 2000. P. 23. 



viernes, 27 de agosto de 2021

Clarissa Pinkola Estés

 


¿Es la palabra un medio de alivio?

Cuando me encontré con este libro de Clarissa no pude evadir el cuestionamiento, porque básicamente su trabajo es una recopilación de estudios sobre la vida interior de la mujer. Empecemos a conocerla. Clarissa Pinkola Estés nace un 27 de enero de 1947 en el estado de Indiana, E.U, ella es nativo americana y mexicana-española, creció en una comunidad de inmigrantes y refugiados cerca de los grandes lagos, siendo su primera formación totalmente oral. Es una escritora, poetisa, doctora analista junguiana de post-trauma y reconocida como Keeper of the Lore (Guardián de la Tradición), cantadora, esto quiere decir protectora de los antiguos cuentos de la tradición oral como reconocimiento a su trabajo de recopilación.

      Para ella el cuento es un medio primordial capaz de cuestionar la identidad, los personajes en las fábulas pueden representar arquetipos psicológicos y es posible reconocer en ellos acciones que ayuden en el proceso de construcción interna. Creó una colección de quince volúmenes de obras de audio originales y una serie de actuaciones en vivo de doce partes titulada: Theatre of the Imagination retransmitido por la National Public Radio y Pacifica Networks a nivel nacional en Estados Unidos y Canadá, ahora disponible en audiolibros. publicó en 1996 una historia llamada El jardinero fiel, una historia sabia sobre lo que nunca puede morir, donde nos aclara la importancia de los cuentos en su vida:

En mi familia, los ancianos conservaban una tradición que denominaban «hacer cuentos». Se trataba de un momento del día -a menudo durante una comida rica en aromas de cebollas, pan recién hecho y picantes morcillas de arroz- en el que los mayores animaban a los jóvenes a tejer narraciones, poemas y otras composiciones. Los ancianos se reían mirándose entre sí mientras comían. «Vamos a ver si habéis adquirido algún conocimiento que merezca la pena. Venga, venga, contadnos un cuento desde el principio. Queremos ver cómo ejercitáis el músculo de los cuentos.»[1]

     Su gran obra traducida a 37 idiomas lleva por título Mujeres que corren con los lobos cuyo proceso de creación le llevó veinte años; en él se desarrolla por medio de dieciséis capítulos una guía sobre la existencia de la mujer en diferentes etapas, por medio de sus páginas desentraña la identidad, la intuición, el amor, las heridas y da sentido al significado de la mujer salvaje, la que representa “Una fuerza inimitable e inefable que encierra un enorme caudal de ideas, imágenes y particularidades”[2], conocerla da nuevos aprendizajes sobre los ciclos femeninos, esos que funcionan para:

Purificar los propios pensamientos y renovar regularmente los propios valores; eliminar las trivialidades que ocupan la psique, barrer el propio yo; limpiar con regularidad los propios pensamientos y estados emocionales, encender un fuego duradero debajo de la vida creativa y guisar sistemáticamente ideas significa sobre todo guisar con originalidad mucha vida sin precedentes para poder alimentar la relación entre la mujer y su naturaleza salvaje[3]

 Obtuvo diversos premios y reconocimientos: El ABBY (American Bookseller Book of the year); el premio Gradiva, de la "National Association for the Advancement of Psychoanalysis"; el premio Las Primeras de la MANA, la National Latina Foundation de Washington, D.C.; la Medalla del Presidente en el apartado de justicia social por parte del Union Institute; el reconocimiento Keeper of the Lore (Guardián de la Tradición), del festival anual Joseph Campbell.

     Ha dedicado su vida a la enseñanza y a la práctica de su conocimiento, además de ser una incansable activista social cuyo camino inició desde los talleres de escritura en cárceles de mujeres, el apoyo a los sobrevivientes de la guerra de Vietnam, el vital apoyo para mujeres que perdieron a sus hijos, a mujeres rescatadas durante desastres naturales o de crímenes familiares. Igualmente se involucró en la atención a familiares y sobrevivientes de la masacre de Columbine de 1999 a 2003, además trabajó con personas que sufrieron las consecuencias del 11 de septiembre de 2001 y cierra su amplia actividad con la fundación y dirigencia de la C.P. Estés Guadalupe Foundation.

     Su mira esta puesta en los temas esenciales, capaces de ofrecer un análisis con los más diminutos detalles y así aumentar el aporte. Tal es el caso de esta enorme selección de mitos, cuentos de hadas, reflexiones en torno a cada parte de la identidad femenina, de ahí mi pregunta sobre la palabra como medio de alivio, porque en su trabajo el cuento es medicinal, los mitos terapéuticos y su insistencia para que encuentres tu fuerza interior es un auxilio.  Dicho por ella, toda mujer tiene una vida interna con una poderosa fuerza, buenos instintos, capacidades creativas, apasionada, así que Mujeres que corren con los lobos es un compendio de amparo al rescate de tu salud y brío, no importa la edad que tengas, te hará poner en duda tus decisiones y conectarás tu atención en esos detalles de tu existencia que tal vez, por no despertar inquietudes que te conflictúen, has dejado bien guardadas, bajo llave.

     La obra de la doctora Clarissa es reconocida mundialmente por su aportación en reformadoras investigaciones sobre la naturaleza de la psique a través de la utilización de los mitos, cuentos de hadas, poesía en tratamientos psicoanalíticos y sobre todo a su singular y poderosísima voz que nace de la vida inmersa desde la infancia en antiguas y valiosas tradiciones orales. Toda la trayectoria de la escritora responde a mi pregunta, si, la palabra puede ser una medicina cuando es empleada para rehabilitar.







[1] Clarissa Pinkola Estés, El jardinero fiel: una historia sabia sobre lo que nunca puede morir, EU, Harper 1996. p. 6.

[2] Clarissa Pinkola Estés, Mujeres que corren con los lobos, Ediciones B, Barcelona, 2007.p. 38.

[3] Ibíd. p. 108.



jueves, 19 de agosto de 2021

Svetlana Aleksándrovna Aleksiévich


Del nuevo siglo ya llevamos recorrido casi veintiún años, dejamos atrás el envío de cartas, telegramas, giros en el servicio postal, la comunicación cambio. Siendo aún joven el siglo se vio encantado por las relaciones a través de las redes sociales, los memes, los videos, lo que ofertan las plataformas para ver series, películas, además de una enorme cantidad de documentales, todo eso nos recuerda una y otra vez que ahora todo lo visual predomina, se deja de lado la escritura, la lectura parece obsoleta, todo el ritual que representaba tomar un libro colocarle un separador conforme lo ibas conociendo, subrayar una frase que sobrepasa el sentimiento del autor y te emocionaba, no es ya una práctica común.

     Sin embargo, el trabajo de Svetlana Aleksiévich tiene una forma de narrativa que conserva las practicas del siglo pasado, la conversación, la investigación, el análisis de los hechos, la búsqueda de los protagonistas. No es la única escritora que emplea esta forma de hacer literatura, eso esta claro, pero si es una mujer que ha sobrellevado la censura de su obra que incomodó la reputación del socialismo en la URSS, ahora Rusia, país agobiado por varias guerras.

     Esta introducción sobre algunos visibles cambios en el siglo son el primer acercamiento a la creadora que nace en el siglo XIX, cuyas vivencias desde muy pequeña están relacionadas con la guerra, entre los juegos, los libros en las bibliotecas y las anécdotas de su abuela conoció lo que portaba la guerra: muerte. Ese primer acercamiento marcó su trabajo, ejemplo de una literatura que mira de cerca al ser humano, busca por medio de la charla desentrañar los hechos que le inquietan y los lleva a un análisis más allá del acontecimiento, pues presenta personajes con sentimientos y vivencias adornados por un tratamiento narrativo que transforma el lenguaje en un espacio empático, filosófico, dispuesto a explicar la desolación con toda la finalidad de no dejarlos en el silencio de las casas, asilos o granjas; su trabajo escarba lo enterrado, le da forma para que se entienda su razón sin ser olvidado.

          Svetlana nace en Bielorrusia el 31 de mayo de 1948, hija de profesores rurales, desde pequeña su refugio fueron los libros. Al crecer estudió periodismo en la Universidad de Minsk, Ucrania, donde tuvo una muy activa participación con diversas publicaciones que van desde poesía hasta cuento, pero lo que ella buscaba estaba muy adentro de su patria, así es como inicia su recorrido por la unión soviética.

          Seguramente su estilo es una de las razones por las cuales fue ganadora del premio nobel otorgado en 2015, ya que cada uno de sus libros retrata los dramas a su alrededor, comenzaré mencionando su libro más conocido Voces de Chernóbil publicado en 1997, del cual se basó la exitosa mini serie “Chernobyl” producida por HBO.

     Su trabajo como escritora se conoce como periodismo literario, donde se combina la investigación de un suceso histórico con las técnicas narrativas. En dicho estilo la escritora es especialista. Menciono otro sobresaliente trabajo que nace de su contacto con los repatriados de Afganistán, los que vuelven de la guerra, sin dejarla atrás, con ellos se sienta, escucha sus experiencias y nace el libro, Los muchachos de zinc, voces soviéticas de la guerra de Afganistán, publicado en 1989. En una parte de este libro Svetlana confiesa: “Yo rastreo el sentimiento, no el suceso. Cómo se desarrollan nuestros sentimientos, no los hechos. Probablemente lo que yo estoy haciendo se parece a la labor de un historiador, soy una historiadora de lo etéreo […] Eso es a lo que yo me dedico desesperadamente (libro tras libro): a disminuir la historia hasta que toma una dimensión humana.”[1]    

       Acá se reúnen los sobrevivientes olvidados por el estado, madres, esposas, veteranos incapacitados, con sus argumentos da forma a un libro repleto de aflicción, donde la soledad, la pérdida y la enfermedad son el centro de las vidas de aquellos seres a quienes la autora rescata del olvido diciendo:

En los últimos años ha desaparecido del mapa del mundo, de la Historia, el imperio comunista que los envió allí para matar y para morir. Ya no existe. Primero a la guerra la empezaron a llamar tímidamente “error político” y luego la llamaron “crimen”. Ahora todos quieren olvidar Afganistán. Olvidar a estas madres, olvidar a los muchachos… El olvido es una forma de mentira. Las madres se han quedado solas frente a las tumbas de sus hijos. Ni siquiera cuentan con el consuelo de que la muerte de sus hijos no fue inútil.[2]

    Otro determinante trabajo, a partir del recorrido por su nación es un acercamiento a las mujeres que participaron en la segunda guerra mundial, La guerra no tiene rostro de mujer cuya publicación sale a la luz en 1985, cuarenta años después de concluida la contienda; la escritora atiende en este libro las palabras de las sobrevivientes: instructoras sanitarias, francotiradoras, tiradoras de ametralladora, comandantas de cañón antiaéreo, zapadoras, enfermeras, conductoras, técnicas sanitarias, etc., nos deja conocer su voz, su reclamo, su anécdota que no tenía como prioridad ganar, sino liberar esa postura testimonial que vio como la humanidad se perdía en cada ataque y con cada muerte, al describir como las ganas de vivir se quedaron entre los ladrillos rotos llenos de hollín, esas voces, cuya reacción ante la oportunidad de seguir con vida, las cubrió con la indiferencia.

     Comienza su investigación con un enorme trabajo periodístico de interrogatorios, revisión y búsqueda en granjas, asilos y casas solitarias, encuentra a las sobrevivientes que participaron en dicho evento. Lo más visible es la determinación por lograr que se escuchen los testimonios de las mujeres, por ello comenta: “Todo lo que sabemos de la guerra, lo sabemos por la «voz masculina». Todos somos prisioneros de las percepciones y sensaciones «masculinas». De las palabras «masculinas». Las mujeres mientras tanto guardan silencio.”[3]            

      La polifónica recopilación que logra la escritora es una suma que pocas veces se logró reunir, son ellas y nada más ellas las que relatan la nausea que provoca ver un naufragio de cuerpos sin vida, son quienes al conocerla sintieron la necesidad de ya no guardar silencio, liberando así, entre llantos, plegarias y nostalgia todo aquello que el mundo debería entender. La escritora escuchó las anécdotas, fue tejiendo la reflexión y el pesar que permanecía dormido pero que ahora conocemos, esa experiencia de la mujer en la guerra, que para algunas comenzó con el entrenamiento, para otras con las incursiones donde veían caer a sus iguales, y en algunas más todavía se resguarda en sus casas, en su ser.

     La guerra no tiene rostro de mujer, eso es concluyente, ante tal afirmación el libro es un ejemplo del tipo de divulgación que necesita madurarse con tiempo al comenzar la exploración exhaustiva, luego las charlas, atención conectada a lo que se expresa, sintiendo de cerca la vibración y la agonía que produce cada recuerdo. Su propuesta narrativa no podría construirse con el tipo de comunicación que se ha instalado en este siglo, es un estilo madurado por su formación y gusto particular de escribir, así que busca su trabajo, escucha en él la voz femenina que oculta estuvo, o esta, o a diario se va liberando gracias a quienes la desentrañan, en este grandioso ejemplo es Svetlana quien demanda por medio de sus libros el reconocimiento de esa parte herida de su nación, pese a la censura que un Estado socialista ejerció.

 

 


 

 

 

 

 



[1] Alekciévich, Svetlana, Los muchachos de zinc, voces soviéticas de la guerra de AfganistánBarcelona, Debate, 2016, pág. 29. 

[2] Ibíd, pag. 309.

[3] Alekciévich, Svetlana, La guerra no tiene rostro de mujerBarcelona, Debate, 2015, pág. 06. 

 


sábado, 22 de abril de 2017

Anaïs Nin


Escritora nacida en Neville, Francia, el 21 de febrero del año de 1903, bajo el nombre de Angela Anaïs Juana Antolina Rosa Edelmira Nin Culmell, de madre cubana y padre cubano español crece en un ambiente sociocultural diverso, vive el Cuba, Paris, New York, Los Ángeles,  ella es la representante de la literatura erótica femenina del siglo XX. Su escritura es un rompimiento con todo lo que en ese momento somete y margina a la mujer.
      Comienza a escribir sus diarios a la edad de trece años, donde acumula experiencias que la llevan a reflexionar en torno al patriarcado, la situación de la mujer, su soledad la forman como una escritora que transgrede los límites impuestos. Amante de Henry Miller y su esposa June, amiga de Antonin Artaud, Salvador Dalí, Gore Vidal y muchos más dejan claro su asistencia a los círculos intelectuales de París.
      Su primera publicación fue un ensayo sobre DH Lawrence; después escribe su novela La casa del incesto, pero la temática le impide llegar a la publicación, por lo cual decide pagar ella las ediciones de sus libros de esa forma tanto el público como la crítica comienzan a conocer su trabajo literario. Otras de sus publicaciones son: el libro  Delta de Venus que presenta una fuerte influencia del libro Hindú Kamasutra.
      A partir de los años sesenta publica sus Diarios Amorosos, siete libros donde se exponen diferentes etapas de su vida, los libros tuvieron una buena recepción, con ellos crece su presencia literaria; en sus diarios se devela su postura narcisista, su práctica bisexual, su goce frenético del sexo, su infidelidad y  su pasión, su extrema complacencia pero también su dolor. Los diarios son su obra más importante ya que muestra un estudio psicológico y etnológico de la situación durante la guerra en París y después nos deja ver el ambiente de post guerra en New York.
     Uno de los temas obsesivos en su obra es el incesto, que surge de la relación con su padre quien por su ausencia le inspira una fuerte atracción, más allá de lo normal, tal vez como consecuencia del abandono una carencia la lleva a la búsqueda del reencuentro con su progenitor, por fin su postura patológica se queda en el diván de un psicoanalista cuyo nombre es Otto Rank, discípulo de Sigmund Freud.
     La constante exaltación del amor, del cuidado en la relación y la profundidad del sentimiento desencadenado del orgasmo, el tabú de la sexualidad femenina y el segundo tabú: el incesto hacen de ella una pieza clave para la literatura feminista. En la década de los ochenta se publican Los diarios tempranos, reunidos en cuatro volúmenes, donde la duda y la certeza se exponen.
       Su vida se desarrolla durante más tiempo en EU, forma parte de la Academia de las Artes y las Letras de dicho país, es una escritora de literatura erótica, llena de seducción, experiencias pasionales, instintiva. Para Anais Nïs el amor era un centro que no pierde la vida por muerte natural, todo lo que marchita al amor no viene con él, por lo cual promueve la gracia del afortunado suceso que es el amor y con la misma pasión analiza su ser y nos revela: “Siempre hubo en mí, al menos, dos mujeres una mujer desesperada y perpleja que siente que se está ahogando y otra que salta a la acción, como si fuera un escenario, disimulando sus verdaderas emociones porque ellas son la debilidad, la impotencia, la desesperación y presenta al mundo sólo una sonrisa, ímpetu, curiosidad, entusiasmo, interés”[1]
     Muere en los Ángeles California un 14 de enero de 1977, tras de sí deja una obra feminista, llena de paradigmas, apasionada, critica, congruente con su ser.

















[1] Anais Nin Diarios, Barcelona, Plaza y Janés, 1987.
















martes, 15 de noviembre de 2016

Sandra Cisneros


Escritora nacida en Chicago un 20 diciembre de 1954, por sus venas corre una herencia latina, su niñez fue un tanto nómada entre dos culturas, la norteamericana y la mexicana, lo cual ya la ubica en el círculo de las escritores chicanos. Estudia la licenciatura en la Universidad de Loyola, Iowa, donde más adelante llevaría a cabo estudios de posgrado.
     Determina su identidad a partir de dos raíces culturales, dos idiomas, dos maneras diferentes de vivir, por ello es notorio en su narrativa la autobiografía, donde se cuenta el enfrentamiento de esas realidades que experimenta, debe ser el motivo por el cual su obra se llena de simbólicos elementos: el barrio, la religión, la comida, el misticismo de la magia y los curanderos, las penas, la feminidad chicana y lo lazos de solidaridad, así como la incorporación a un capitalismo donde se promueve la búsqueda utópica de un ideal norteamericano que no está al alcance de los jóvenes chicanos, esa población nacida en estados unidos, de herencia latinoamericana, en esa contexto donde: “Un chicano bilingüe es considerado culturalmente inferior si hablaba español ”[1] no castellano, por lo cual un grupo de artistas mantienen resistencia ante esta imposición en los años 60 y se origina la literatura chicana.
     Sandra Cisneros surge a partir de la década de los ochenta; en 1983 publica su primera novela llamada La casa de Mango Street, justo cuando el ambiente literario se llena de voces femeninas, entonces resalta la de ella por su defensa constante a la hispanidad; se trata de una apasionada narradora, a veces defensora, cronista, opositora de esa sociedad que la ve como chicana, defensiva  defiende sus argumentos con una postura feminista ante criticas en México o EU. Todo esto influye para que, años más tarde, Sandra Cisneros sea considerada parte del canon literario norteamericano.
     ya que realiza una acertada opinión de la cultura en la cual crece; además, su narrativa presenta diversas influencias, en un principio la chicana, luego la prehispánica, ya que incorpora elementos de ciertas culturas mexicanas, y su estilo poético esta lleno de símbolos, tan sólo les daré como ejemplo el poema “Sacas la mexicana en mi” donde se emplea un sin fin de rasgos culturales de nuestro país, su trabajo en general tiene buena recepción, se han hecho traducciones a once idiomas y ha sido merecedora de varios premios.
     Su estilo es fragmetario, lleno de confesiones y puntos de vista, de anécdotas y situaciones para algunos cotidianas la hacen ella. Su obra ha sido analizada en un buen número de tesis, desde distintas disciplinas: antropología, sociología, literatura, etc., ya que su rica exposición de elementos culturales la hacen una escritora compleja, cuyas temáticas tienen como centro a la mujer, los investigadores Antonio Daniel Juan Rubio e Isabel María García Conesa aseguran: “en sus obras se ven reflejadas las demandas e ideales de muchas mujeres de la frontera en los años 90.”[2]
     Recibe en E.U la Medalla Nacional de las Artes en 2016, le es entregado por Barak Obama quien reconoce su enorme labor por: “enriquecer la narrativa de nuestro país, donde sus ideas exploran temas de raza, género, de idioma y así profundiza nuestro conocimiento de la identidad americana”. [3]






[1] Tino Villanueva, "Chicanos", México, FCE, 1985, p.,
[2] Antonio Daniel Juan Rubio e Isabel María García Conesa, “Sandra Cisneros: La creación artística fronteriza” http://www.e-revistes.uji.es/index.php/dossiers/article/view/1226/1245.

domingo, 9 de octubre de 2016

Teresa Wilms Montt



 
Escritora chilena llamada María Teresa de la Mercedes Wilms Montt, nace el 8 de septiembre de 1893 en Viña del Mar, en el seno de una familia adinerada y con vínculos políticos y comerciales. Teresa se mostró rebelde desde muy pequeña, fue educada para agradar y con ello conseguir un buen partido. Aprende varios idiomas, canta, toca el piano y escribe. En el año de 1910 conoce al joven que sería su marido, a pesar de la oposición de ambas familias pues ella tenia 17 años y él 25, y así comienza una relación fallida.
     Los primeros años de su casamiento viaja por diversos lugares y comienza a desarrollar su trabajo literario, entre 1911 y 1914 escribe sus Diarios íntimos. Con el seudónimo de “Tebac” publica y se reconoce feminista. Los celos del marido fueron enfermizos, ya que no quería que ella se dedicara a la escritura,  y la escritora recibe apoyo de otro hombre. Ya con dos hijas deciden separarse, sin forma de independizarse vuelve a la casa paterna, el juicio en su contra por adulterio la separa de sus hijas, el tribunal familiar decide internarla en el “Convento de la Preciosa Sangre” en 1916, lugar donde intenta suicidarse y logra escapar del encierro gracias a Vicente Huidobro, quien la ayuda a llegar a Buenos Aires.
     En 1917 publica sus dos primeros libros Inquietudes sentimentales, libro de poesía que es bien recibido por la critica, y meses después sale al mercado Los tres cantos. Ya para entonces Con una prisa de vivir en 1918 viaja a Madrid, allá divulga En la quietud del mármol  con el seudónimo de Teresa de la Cruz y con el persistente tema de la muerte, luego el siguiente poemario se llama Anuarí, dedicado a un joven argentino que se suicida por ella.[1] Son esos años de cafés y largas noches bohemias, de largas charlas con Valle Inclán, Gómez de la Serna, Edwards Bello, Domingo Silva;  o recitales en donde también estaban Azorín y Pio Baroja.
     En 1919, de regreso a Buenos Aires publica Cuentos para hombres que todavía son niños. pero es el viejo continente el que le llama y se instala en Madrid, para entonces, Teresa era ignorada por la critica, se le reprime, se le juzga, se le margina porque representa una ruptura con el rol público de la mujer, tal y como lo dice Ruth González-Vergara en la biografía de Teresa titulada Un canto de libertad, la cual se publica a mediados de los noventa. La historia de Teresa Wilms Montt se entiende mejor a la distancia y bajo el análisis de las ideas feminista, pues en esa época se pone a las mujeres un ceñido traje diseñado por el patriarcado, quien desde la era victoriana, luego darwiniana y hasta la época modernista lo mantiene por medio de todo tipo de medidas restrictivas, por ejemplo se declaran una serie de enfermedades femeninas que ayudan en el control de la creciente búsqueda de independencia de un buen número de mujeres transgresoras que enfrentan los estereotipos. la continua relación de la locura y lo femenino le permite al patriarcado recluirlas, pues la ciencia médica relaciona el aparato reproductor con el sistema nervioso, y de este modo surgen enfermedades como la histeria, vapores femeninos, sobrecarga de emociones, útero errante o mal de amores, este último era el padecimiento que tenía Wilms Montt, sufrimiento patológico femenino caracterizado por la falta de disciplina moral. Este entorno represor es el que se vive en esos difíciles días para las mujeres.[2]    
      En 1920 su vida cambia con las visitas que puede hacerle a sus hijas cada semana, pues las niñas pasan un tiempo en París, hasta que son trasladadas de nuevo a Chile, dicho suceso deja a Teresa en una profunda depresión, por lo cual cae enferma, excede el consumo de Veronal y dos días después fallece un 24 de diciembre de 1921, con apenas 28 años de vida. Jamás vuelve a Chile. 
Te comparto un fragmento de ella misma, tal y como se reconoce: 
Soy Teresa Wilms Montt… y aunque nací cien años antes que tú, mi vida no fue tan distinta a la tuya. Yo también tuve el privilegio de ser mujer. Es difícil ser mujer en este mundo. Tú lo sabes mejor que nadie. Viví intensamente cada respiro y cada instante de mi vida. Destilé mujer. Trataron de reprimirme, pero no pudieron conmigo.
Cuando me dieron la espalda, yo di la cara.
Cuando me dejaron sola, di compañía.
Cuando quisieron matarme, di vida.
Cuando quisieron encerrarme, busqué libertad.
Cuando me amaban sin amor, yo di más amor.
Cuando trataron de callarme, grité.
Cuando me golpearon, contesté.
Fui crucificada, muerta y sepultada por mi familia y la sociedad.
Nací cien años antes que tú y sin embargo te veo igual a mí.
Soy Teresa Wilms Montt, y no soy apta para señoritas".[3]









[1] De la biografía de Teresa Wilms Montt       http://teresawilmsm.blogspot.mx/p/biografia.html.
[2] Poema de Teresa Wilms Montt,  http://mondobelo.com/musas-intrepidos/teresa-wilms-montt.html
[3] Ana Traverso,  Anomalía y enfermedad en escritoras de inicios del siglo XX, Estudios Filológicos 54,  mingaonline.uach.cl., pp. 157-175, 2014.  

Asne Seierstad

Es una excepcional escritora y corresponsal de guerra en Europa. Nacida en Oslo, Noruega el 10 de febrero de 1970. Políglota, estudiosa de...