lunes, 16 de febrero de 2026

Autoras del gótico sureño: Carson McCullers

 




Novelista nacida con el nombre de Lula Carson Smith en Columbus, Georgia, el 19 de febrero de 1917, hija de un joyero y una mujer irlandesa de fuerte carácter, su infancia estuvo marcada por su frágil salud debido a de una fiebre reumática, así como la fuerte influencia de su madre, siempre dominante y ambiciosa que rige la educación de sus hijos, determinando para Carson una formación en música con el deseo de verla consagrada como concertista, para lograrlo la envía a New York con tan sólo diecisiete años para que ingresara a la Escuela de Juilliard. Cuando llega a esa gran ciudad en 1934, lejos del yugo matriarcal comienza a tomar clases de escritura en la Universidad de Columbia y luego en la Universidad de New York. Para cubrir sus gastos llegó a trabajar de camarera y de paseadora de perros.

      En 1937 conoce a James Reeves McCullers, un joven melancólico con gusto por la escritura. Al cumplir veinte años Carson se casa con él. Se mudan a Charlotte, Carolina del Norte y mientras su esposo trabajaba ella dedicó su tiempo a la escritura del libro que la presentó en el ámbito literario del gótico sureño, reconocido como subgénero literario ambientado en los estados del Sur impactado por las ruinas que dejó la guerra civil y caracterizado por retratar la decadencia, la ruina moral también social, retratando la locura, la pobreza, el racismo y la violencia en escenarios deteriorados por medio de personajes afrodescendientes, sordos, mudos, de estaturas inusuales. McCullers  se ve afectada por el suicidio de su padre, ante el cual no pudo encontrar ninguna razón.

     A lo largo de su vida escribe cuatro novelas y una novela corta, además de numerosos cuentos. Su primera novela se publica en 1940 con el nombre de El corazón es un cazador solitario, la cual tuvo un éxito veloz, poniendo en escena a personajes desgarrados, discapacitados, anormales o desplazados, con problemas psicológicos o problemas de identidad sexual. Sobre este último aspecto su vida también se ve marcada por el cuestionamiento en torno a su sexualidad y la de su esposo, quien comienza a serle infiel con hombres.

     Es por ello que su enlace se considera un “matrimonio lavanda”, esto es una boda en apariencia heterosexual para mantener oculta su homosexualidad con el fin de mantener las apariencias de normalidad, tal como lo vivieron muchas estrellas del cine del siglo XX, entre los años veinte y cuarenta,  para continuar con sus jugosos contratos, pues ninguna productora de Hollywood aceptaba lo que fue llamada desviación moral.

     Carson se convierte en una figura intelectual queer y a su vez bisexual que mantuvo correspondencia con diversas mujeres, llegando incluso a proponerle una relación a la periodista y escritora Katherine Anne Porter, sin que llegase a concretarse algo, también mantuvo una frecuente correspondencia con la escritora y fotógrafa Annemarie Schwarzenbach, quien vivió atormentada y entre tratamientos psiquiátricos hasta que se  suicidó.

     En 1941 publica Reflejos de un ojo dorado; en 1946 Frankie y la boda, que más adelante se lleva al teatro gracias al apoyo e interés de su amigo Tennessee Williams.  Publicó La balada del café triste en 1951 sin perder la constante de personajes excéntricos mostrando su lastimada psicología; en 1961 la que fue su última novela Reloj sin manecillas, todas ellas mantenían vivo el contexto sociocultural del sur de Estados Unidos.

     Mientras tanto su vida personal y su salud no mejoró. en 1945, Reeves, su ex esposo vuelve de su participación en la Segunda Guerra Mundial, es condecorado, parecía que se alejaba la depresión, incluso Carson volvió a casarse con él, se instalan en París, la escritora es bien recibida por los intelectuales franceses, sin embargo, en ese periodo sufrió un accidente cerebrovascular, perdió la vista del ojo derecho y sufrió parálisis en la mitad de su cuerpo. Con la salud decayendo en 1948 intenta suicidarse.

     La salud de Reeves tampoco va bien, el alcohol, la depresión y el peso del fracasado lo lleva a proponerle un doble suicidio. Carson se niega y decide separarse de él nuevamente y vuelve a Estados Unidos, poco después, en 1953 Reeves, se suicidó en un hotel en París. Tras el suceso la salud y el estado emocional empeoraron. El bloqueo de escritura es descrito en sus palabras como: “Esos momentos aterradores en los que estaba ‘des-iluminada’ y temía no escribir nunca” ese miedo estuvo presente a lo largo de su vida, la primera vez que lo experimentó fue tras la muerte de su madre.

     Carson McCullers vivió sus últimos años en Nyack, Nueva York, con las secuelas de la fiebre reumática infantil que derivó en infartos y parálisis, el dolor no sólo era físico, se refugia en el alcohol sin poder alejarse de él. En 1962 se sometió a una mastectomía debido a un cáncer de mama que fue minando su frágil salud hasta que el 29 de septiembre de 1967 fallece a los 50 años como consecuencia de una hemorragia cerebral. Su aporte a la humanización de la narrativa estadounidense es valioso porque a través de su escritura expone la situación de un mundo en decadencia en donde: (McCullers: 2022, p.320) “Los mentirosos y desalmados se han unido, y los hombres que saben se encuentran aislados y sin defensa” y en esos difíciles años de racismo y discriminación levantó la voz (McCullers: 2022, p. 319): “No voy a decir lo que pensaba decir. En vez de ello hablaremos por última vez sobre el sur. El estrangulado Sur. El desperdiciado Sur. El esclavizado Sur”

 




 

Carson McCullers, El corazón es un corazón solitario, Seix Barral, México, 2022.

Jean Shapland, Mi autobiografía de Carson McCullers, Dos Bigotes, USA, 2022.


sábado, 17 de enero de 2026

Zlata Filipović

 



Sean estas palabras

 para los que viven una guerra,

para los que sufren una guerra.

.

 

Escritora y traductora con un enriquecido origen musulmán, bosnio-croata y serbio, nace el 3 de diciembre de 1980 en la antigua Yugoslavia, comienza a escribir un diario a los diez años durante la guerra en su país que terminó en la desintegración, dejando tras de sí una catástrofe humanitaria por cuestiones de religión y origen étnico. En este agitado 2026, en donde la guerra se disemina como mala semilla por diversos países del mundo les quiero presentar a esta admirable joven escritora y su llegada al mundo de las letras.

     Siendo una niña de diez años es testigo de una guerra civil que defiende de forma banal la cuestión étnica para brindar más derechos o negarlos de acuerdo al origen, la división provoca una lucha por el desconocimiento del otro, el diferente, el que no soy yo. Filipović con doce años se forma en las artes, toca el piano y escribe de forma dolorida para expresar de algún modo la lucha ruin que destroza la bella historia de Sarajevo.

     Los días en que narra un ataque con granadas en las calles cercanas al mercado, el acecho de los francotiradores, que crueles y caprichosos eligen las bajas para continuar una absurda rutina de extermino. La escritora pone a su diario el nombre de Mimmy, ese cuaderno que se volverá un hombro en el cual apoyarse en los momentos más difíciles y un compañero con el cual reír cuando era posible, además de un registro y evidencia de la guerra vista por los ojos de una niña, así como una vez lo hizo Ana Frank o Conxita Simarro entre otras.

      Como lo aclara el investigador Alain Girard (Alicia Alted Vidal: 2014; p.4) la mayoría de los diarios: “se identifican casi siempre en la adolescencia o en los primeros años de la juventud y también corresponde con el género pues la mayoría son mujeres, adolescentes o jóvenes”. La importancia del diario de adolescencia como documento histórico está muy reconocido pues da claras descripciones de los contextos, muchas veces violentos, que viven las escritoras, Zlata Filipović lo describe así: “Los diarios comunican una experiencia inmediata de los sucesos, antes de que los resortes de la visión retrospectiva a los trucos de la memoria puedan tergiversar o influir en el relato (…) Sin estar escritos con el fin de convertirse en documentos históricos, terminan siendo exactamente eso.”

      Filipović escribe en su diario el arduo camino para recibir la ayuda humanitaria que daba la ONU, en cuyas filas su papá esperaba hasta cuatro horas para la entrega, y como poco a poco el reinado de la guerra dejaba a su paso muerte y sufrimiento. A nivel internacional le apodaban “la Ana Frank de los Balcanes”, y ante eso le confesó a su diario el miedo que sentía de sólo pensar que podría tener el triste final de su colega con la cual la comparaban.

      Su voz es sensata al cuestionar (Zlata: 1992, p.174) “yo no sabía quién era serbio, quien era croata, quien era musulmán, hoy la política metió la nariz a toda nuestra historia. Marcó a los serbios con una “S” a los musulmanes con una “M” y a los croatas con una “C”. La política quiere separarnos y para escribir esas letras usó lo peor, el más negro de los lápices. El lápiz de la guerra, que sólo sabe escribir dos palabras: infelicidad y muerte”.

     Su diario se publicó por primera vez en una editorial de Sarajevo, la versión fue de 45 páginas y se presentó en el año de 1992, el año en que da inicio. Lo escribió hasta el 17 de octubre de 1993, ya para entonces la escasez y los bombardeos se intensificaban; con la ayuda de la editorial francesa que publicó su diario (Robert Laffont) y el apoyo de la ONU en diciembre de 1993 sale de Sarajevo junto con sus padres en dirección a Francia. La publicación de su libro y la difusión de su historia hicieron de él un éxito y pronto tuvo traducciones a decenas de idiomas.

     Para nuestra fortuna Zlata sigue viva, su temor a parecerse en todo a la escritora Ana Frank se disipo. Estuvo un año en Francia antes de asentarse en Irlanda, estudió Ciencias Humanas en la Universidad de Oxford y una maestría en Estudios de Paz Internacional  en el Trinity College de Dublín, también se ha convertido en una artista cinematográfica aparte de escritora y traductora, en todo lo que hace enseña la realidad humana y la dureza sinsentido que produce la guerra por las ansias de control y poder. Es esa mujer escritora que plasmó su dolor, las pérdidas, todas las carencias, documentando tanto la falta de luz, de gas, de agua, y de alimentos, como la salida de sus amigos, el deterioro social, la disolución de instituciones, la incertidumbre constante, sin embargo, además de expresar lo cruel que puede ser el hombre por medio de su afanosa voz haciendo visible la tragedia, también escribió sobre la unión y apoyo necesario de familiares y amigos, así como los pequeños momentos de gozo que brindan energía para sobrevivir en una guerra.



Referencias

Zlata Filipović, El diario de Zlata, Círculo de lectores, España, 1994

Alicia Alted Vigil, El diario de Conxita como documento histórico, “Diario de una niña en tiempos de guerra y exilio (1938-1944)”, Conxita Simarro, Concepción Simarro, Susana Sosenski, 2015.


Autoras del gótico sureño: Carson McCullers

  Novelista nacida con el nombre de Lula Carson Smith en Columbus, Georgia, el 19 de febrero de 1917, hija de un joyero y una mujer irlandes...