sábado, 17 de enero de 2026

Zlata Filipović

 



Sean estas palabras

 para los que viven una guerra,

para los que sufren una guerra.

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Escritora y traductora con un enriquecido origen musulmán, bosnio-croata y serbio, nace el 3 de diciembre de 1980 en la antigua Yugoslavia, comienza a escribir un diario a los diez años durante la guerra en su país que terminó en la desintegración, dejando tras de sí una catástrofe humanitaria por cuestiones de religión y origen étnico. En este agitado 2026, en donde la guerra se disemina como mala semilla por diversos países del mundo les quiero presentar a esta admirable joven escritora y su llegada al mundo de las letras.

     Siendo una niña de diez años es testigo de una guerra civil que defiende de forma banal la cuestión étnica para brindar más derechos o negarlos de acuerdo al origen, la división provoca una lucha por el desconocimiento del otro, el diferente, el que no soy yo. Filipović con doce años se forma en las artes, toca el piano y escribe de forma dolorida para expresar de algún modo la lucha ruin que destroza la bella historia de Sarajevo.

     Los días en que narra un ataque con granadas en las calles cercanas al mercado, el acecho de los francotiradores, que crueles y caprichosos eligen las bajas para continuar una absurda rutina de extermino. La escritora pone a su diario el nombre de Mimmy, ese cuaderno que se volverá un hombro en el cual apoyarse en los momentos más difíciles y un compañero con el cual reír cuando era posible, además de un registro y evidencia de la guerra vista por los ojos de una niña, así como una vez lo hizo Ana Frank o Conxita Simarro entre otras.

      Como lo aclara el investigador Alain Girard (Alicia Alted Vidal: 2014; p.4) la mayoría de los diarios: “se identifican casi siempre en la adolescencia o en los primeros años de la juventud y también corresponde con el género pues la mayoría son mujeres, adolescentes o jóvenes”. La importancia del diario de adolescencia como documento histórico está muy reconocido pues da claras descripciones de los contextos, muchas veces violentos, que viven las escritoras, Zlata Filipović lo describe así: “Los diarios comunican una experiencia inmediata de los sucesos, antes de que los resortes de la visión retrospectiva a los trucos de la memoria puedan tergiversar o influir en el relato (…) Sin estar escritos con el fin de convertirse en documentos históricos, terminan siendo exactamente eso.”

      Filipović escribe en su diario el arduo camino para recibir la ayuda humanitaria que daba la ONU, en cuyas filas su papá esperaba hasta cuatro horas para la entrega, y como poco a poco el reinado de la guerra dejaba a su paso muerte y sufrimiento. A nivel internacional le apodaban “la Ana Frank de los Balcanes”, y ante eso le confesó a su diario el miedo que sentía de sólo pensar que podría tener el triste final de su colega con la cual la comparaban.

      Su voz es sensata al cuestionar (Zlata: 1992, p.174) “yo no sabía quién era serbio, quien era croata, quien era musulmán, hoy la política metió la nariz a toda nuestra historia. Marcó a los serbios con una “S” a los musulmanes con una “M” y a los croatas con una “C”. La política quiere separarnos y para escribir esas letras usó lo peor, el más negro de los lápices. El lápiz de la guerra, que sólo sabe escribir dos palabras: infelicidad y muerte”.

     Su diario se publicó por primera vez en una editorial de Sarajevo, la versión fue de 45 páginas y se presentó en el año de 1992, el año en que da inicio. Lo escribió hasta el 17 de octubre de 1993, ya para entonces la escasez y los bombardeos se intensificaban; con la ayuda de la editorial francesa que publicó su diario (Robert Laffont) y el apoyo de la ONU en diciembre de 1993 sale de Sarajevo junto con sus padres en dirección a Francia. La publicación de su libro y la difusión de su historia hicieron de él un éxito y pronto tuvo traducciones a decenas de idiomas.

     Para nuestra fortuna Zlata sigue viva, su temor a parecerse en todo a la escritora Ana Frank se disipo. Estuvo un año en Francia antes de asentarse en Irlanda, estudió Ciencias Humanas en la Universidad de Oxford y una maestría en Estudios de Paz Internacional  en el Trinity College de Dublín, también se ha convertido en una artista cinematográfica aparte de escritora y traductora, en todo lo que hace enseña la realidad humana y la dureza sinsentido que produce la guerra por las ansias de control y poder. Es esa mujer escritora que plasmó su dolor, las pérdidas, todas las carencias, documentando tanto la falta de luz, de gas, de agua, y de alimentos, como la salida de sus amigos, el deterioro social, la disolución de instituciones, la incertidumbre constante, sin embargo, además de expresar lo cruel que puede ser el hombre por medio de su afanosa voz haciendo visible la tragedia, también escribió sobre la unión y apoyo necesario de familiares y amigos, así como los pequeños momentos de gozo que brindan energía para sobrevivir en una guerra.



Referencias

Zlata Filipović, El diario de Zlata, Círculo de lectores, España, 1994

Alicia Alted Vigil, El diario de Conxita como documento histórico, “Diario de una niña en tiempos de guerra y exilio (1938-1944)”, Conxita Simarro, Concepción Simarro, Susana Sosenski, 2015.


Zlata Filipović

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