Escritora
española nacida en Barcelona el 6 de septiembre de 1921 cuyo nombre completo es Carmen
Laforet Díaz, pasó toda su niñez en Canarias y a los 18 años vuelve al lugar
donde nació es entonces cuando escribe su más conocida novela: Nada (1945). A esta primera novela le
siguieron: La isla y los demonios
(1952); La mujer nueva (1955); La insolación (1963) y su novela póstuma
Al volver la esquina. Entre sus cuentos
y novelas cortas están: El piano (1952); La muerta (1952); Un
noviazgo (1953); La niña y otros relatos (1970).
Pero examinemos la novela Nada, la
misma que marca su inicio en el mundo de las letras y cuya entrada fue reconocida
con el premio Nadal y Premio Fastenrath. Se trata de una narración breve, pero densa
en su profundidad ya que se vale de un contexto familiar para representar lo
que estaba sucediendo en la España de la posguerra, de hecho es la primera
novela publicada después de la época oscura y lastimosa guerra civil,
recordemos que el fascismo en el poder reprimió la difusión del arte, se
violentó con los escritores de la generación del 27 y también con los de la
generación del 36, algunos de los miembros de esta etapa literaria salieron
exiliados por la persecución política, los que se quedaron en el país fueron perseguidos
y algunos incluso asesinados por los partisanos al servicio de Franco. Al
inicio se cuenta la llegada a Barcelona de la protagonista, Andrea, quien
siendo niña se va a Canarias y al volver todo le resulta irreconocible, el
entorno, la gente, el país, así comienza su trabajo.
Se considera una novela de aprendizaje,
como lo confirma la investigadora Ana María Alonso Fernández al confirmar que: “su
argumento gira en torno a la construcción de la personalidad de Andrea y el
paso de la adolescencia e inocencia a la madurez tras vivir una serie de
acontecimientos. También comparte con este género la visión de la protagonista
como un ser diferente al entorno en que se mueve y la presencia de un estilo
cargado de lirismo”.[1] Y también se le ha ubicado
como novela de autoficción ya que: “los elementos autobiográficos presentes en
la novela y destacados a lo largo de estas páginas (edad de la narradora y la
autora, ambas van a Barcelona a los dieciocho años a estudiar, después se van de
Barcelona, tendencia de las dos a la soledad y la melancolía, sensibilidad
hacia la escritura) muestra elementos reales en la vida de la escritora”.[2] Sin embargo, dada la complejidad
de la obra no es sólo existencialismo y autoficción o aprendizaje sino que
estamos ante una propuesta multifacética y de ninguna manera aislada de lo que sucedía
en su patria.
Su pluma se adentra a la existencia, si, por
ello se le reconoce dentro de la corriente literaria llamada realismo social, con
un estilo introspectivo nos presenta a una joven huérfana buscando un refugio
familiar. Llega a Barcelona a medianoche, con dos maletas, herida, con dudas y
a ratos con esa incertidumbre que hace que agonice tu esperanza. Con Carmen
Laforet la literatura femenina se vuelve una demostración del andar roto. Pero no
perdido de la protagonista, además, es de
importancia significativa el título del libro, ya que la nada en un sentido existencial
evoca ese agujero negro de ausencia, de escases, de silencio; el eterno hueco en
el pecho que no se llena, su personaje dando tumbos con su identidad a medias,
tan joven, tan sola en la oscura, fría y maloliente casa de sus parientes, a
quien es encargada y de quienes apenas si recuerda algo, de esta forma se
establece una relación que la mantiene en una vida opresiva, incomoda,
insegura, incierta. Constantemente atacada con comentarios que juzgan su proceder
y ¿Cómo no los va a recibir? Si Andrea rompe con el proceder común de la gente en
ese momento, ella busca más de la vida, no está dispuesta a conformarse con un rincón
oscuro en la casa de sus parientes, Andrea busca la luz, la plenitud, la verdad.
Al mismo tiempo que delinea la
personalidad de su protagonista, retrata a la sociedad española de posguerra,
esa misma ruina moral de los personajes, es el retrato de los defectos de la humanidad
en su contexto. Ese mundo confuso e incierto se une al control y presión
familiar, también como el reflejo de la situación en la que se encontraba España,
deshumanizada e instintiva, casi primitiva en la que los restos humanos se
están removiendo y en ese intento es la nada la que sobresale.[3]
El acercamiento a su estilo está en
relación a la vida diaria, la perdida de sus padres, ella sola descubriendo el
mundo y lo que encuentra en él es esa vastedad que impone la absoluta ausencia de
calidez y armonía, en ese mundo descrito no es posible aquello, en su lugar
encuentra: “El hedor que se advertía en toda la casa. Era un olor a porquería
de gato. Sentí que me ahogaba”[4], así lo comenta Andrea; ese
ahogo se reafirma a medida que reitera una y otra vez la nada y enmarca cada
situación que la protagonista sobrevive, es esa nada existencial que anula
cualquier estimulo en su desarrollo, esa misma carencia que encuentra dentro y
fuera de la casa, contraria a las necesidades de Andrea, la adolescente cuya
identidad está surgiendo, pero no tiene de donde sostenerse.
La trayectoria de Carmen Laforet se ha
sumado a la de grandes escritoras españolas cuya necesidad de retratar las dolencias
de su nación producen en la literatura un antes y un después, al momento de la
recepción de la novela Nada la sociedad empezaba una reconstrucción, pero
como cada quebranto en la vida, reconstruirse no es cosa de unos días y lo primero
por lo que hay que comenzar es aceptando todo lo dañado, para, una vez
reconocido, rehacerlo, y esa es la parte complicada, porque Carmen Laforet retrata
a una sociedad ciega, banal, egoísta. Por ello la importancia de la obra
literaria se aclara al ser distinguida como la primera novela femenina moderna
de España.
Después
del gran éxito que vive con su primera novela y determinada por un matrimonio
con un destacado periodista se fue ensombreciendo su presencia en las letras
españolas, así hasta que, después de cinco hijos viene la ruptura, la cual supuso
para Carmen Laforet quedarse prácticamente en la calle, sin nada. Una amiga la
recibe un tiempo, pues ella no contaba con ingresos económicos, así comienza su
declive ¿O fue durante el matrimonio cuando se eclipso?
La etapa que sigue apenas si puede creerse, va por la vida siendo atraída a una ciénaga oscura que le impedía continuar su escritura, y más grave aún desarrolla una obsesión por su peso, consume pastillas como caramelo y pronto esa neblina mental se manifiesta por algo que ella llamó grafofobia pero que en realidad se ha estudiado era una primera manifestación del síndrome de Mesulam, o afasia progresiva primaria, esto es una dolencia neuronal poco frecuente, producida por una lesión en el lóbulo frontal izquierdo[5] que va creciendo y le impide volver a las letras, presa de dicha enfermedad degenerativa que la había privado de la capacidad de hablar, vivió en una residencia en Majadahonda hasta sus últimos días, fallece a los 82 años el 28 de febrero de 2004.
[1] Alonso Fernández, Ana María, “Nada
de Carmen Laforet: autobiografía, autoficción y novela de
Aprendizaje”,
REVISTA ÚRSULA, Núm. 5. 2021: 64-77.
[2] Ibidem
[3] Molly Tun, “Nada de humanidad: El
mundo animal de la posguerra española” Entrehojas: Revista de Estudios
Hispánicos, Volume 5 Article 7, August 31 2015.
[4] Laforet, Carmen, Nada, Guatemala,
Editorial Titivillus, Universidad de Matehuala, ePub base r2.1. p. 7.
[5] Agustín
Cerezales Laforet, “Carmen Laforet, mi madre. Después de nada, mucho por descubrir”,
XL Semanal, https://www.abc.es/xlsemanal/historia/carmen-laforet-centenario-escritora-nada-enfermedad-mesulam-vida.html.
01 de septiembre 2021.
¡Felicidades, muy interesante! Muchas gracias por compartir.
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